El debate sobre la
independencia se ha politizado durante las últimas semanas. David Cameron y los
partidos más importantes del Reino Unido han pasado de hacer llamamientos a la
unidad a amenazar con las catastróficas consecuencias económicas que podría
tener para los escoceses una posible independencia. La proximidad del
plebiscito, que se celebraría el 18 de septiembre, y, sobre todo, el aumento
del independentismo popular –los últimos sondeos del Scotland on Sunday lo sitúan en un 37%– tendrían la culpa de este
cambio de estrategia del gobierno británico.
¿Quién se tiene que
hacer cargo de la deuda británica? ¿La libra esterlina, en caso de que Escocia
la conservara, tendría que verse como una concesión del Reino Unido o como
patrimonio legítimo de Escocia? Alex Salmond, líder independentista del Partido
Nacional Escocés, lo tiene muy claro: “la libra pertenece a los escoceses tanto
como a los británicos”, y, además, rechazar la unión monetaria equivaldría a un
coste de “610 millones de euros anuales” para quienes quisieran comerciar con
Escocia.
Por otra parte, el
ministro británico de Economía, George Osborne, afirma que esta unión no
traería beneficios económicos para nadie. ¿A quién debemos creer? No está
demasiado claro, pero lo que sí es cierto es que Osborne no quiere arriesgar y
ya ha anunciado que Escocia no conservará la libra. A su vez, Salmond ha
confirmado que, en el supuesto que la tentativa del gobierno no fuera “un
farol”, los escoceses no se harían cargo de la deuda británica.
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| Alex Salmond cree que el gobierno se equivoca al presionar a Escocia. Foto: Reuters |
Los británicos, al ver
que los deseos independentistas del SNP podían materializarse, han pasado a
utilizar la política del miedo, pero Salmond cree que el viraje del gobierno es
una gran equivocación. Las amenazas pueden hacer resurgir el sentimiento
nacionalista e incluso podrían hacer peligrar el acuerdo de Edimburgo, según el
cual ambas partes se comprometían a respetar el resultado del plebiscito y a
dialogar para resolver cualquier conflicto.
Uno de los puntos que
más preocupa a los escoceses es la admisión de una Escocia independiente en la
Unión Europea, sobre todo desde que Durao Barroso, presidente de la Comisión
Europea, afirmó que era “extremadamente difícil” que el nuevo país fuera
aceptado. Es cierto que Escocia necesitaría el aval de los 28 miembros de la
UE, pero cuenta con ventajas que no tuvieron los independentistas de Kosovo y
que, actualmente, tampoco tienen los catalanes; el apoyo, en principio, del
gobierno central.
A algunos les preocupa
el posible veto de España a la independencia escocesa por las analogías con
Cataluña. Respecto a este punto, Rajoy, García-Margallo y la opinión pública creen
que se trata de un asunto interno que deben solucionar el Reino Unido y
Escocia, pero algunas voces críticas van más allá. Álvarez de Toledo, diputada
del PP, ha publicado un artículo en el Financial
Times para que la UE afronte el “desafío separatista” ya que, según su
opinión, “compromete al conjunto de Europa”. Quizás ahora le toca mover ficha a
la UE para que no aumente el euroescepticismo entre la derecha española.



