En
el gran circo de Mujeres y hombres y
viceversa (Telecinco) acaba de aparecer uno de los payasos más aclamados:
se trata de Rubén Poveda, el mismo
que participó en el reality ¿Quién quiere
casarse con mi hijo? (Cuatro), un microcosmos del programa anterior. Y digo
microcosmos porque Cuatro sólo era Cuatro hasta que la crisis –paradojas de la
vida– le permitió unirse a Telecinco y avanzar hacia una comedia romántica sin
fin. No se puede dudar que, en este caso, el fin justifica los medios; peleas,
insultos, “este chico es mío, no lo toques” y payasadas por el estilo –al más
puro estilo “La parada de los monstruos”–
son las que permiten a los enchufados de turno salir de la mano con la chica
más mona y más rubia y más todo del plató. ¡Ah! Se me olvidaba un pequeño
detalle. La chica en cuestión ha estado con unos 50 personajillos más del
programa. Pero esto no es ningún problema; se trata un añadido más para darle morbo al asunto y que la función sea todo un éxito.
La
carismática presentadora Emma García
es la que lleva la batuta “mediática” del show. Bajo sus órdenes, todos
desempeñan el papel que les corresponde; los asesores del amor, Pipi Estrada y Miriam Sánchez –una pareja
que no puede cruzar dos palabras sin pelearse– aconsejan a los tronistas cómo deben actuar
basándose en su experiencia. El resultado, si tenemos en cuenta que Pipi es
acusado día sí y día también de mantener relaciones con Yola Berrocal, no puede ser nada bueno. Luego están los tronistas y
sus pretendientas, directamente extraídos de un planeta llamado rayos uva. Y no
podía faltar el ingrediente principal de esta gran farándula: los títeres o
ganchos, que dirigen el negocio sin tener ni idea de cómo terminar una frase
sin la palabra “nano” –véase el caso de Rafa
Mora–, o de cómo coordinar pensamiento y palabra.
Supongo
que no tardarán en llegar los lloros y las súplicas para volver a la época de
los documentales a todo color. Pero para entonces ya será demasiado tarde. Uno
de los tronistas, Sergio Clar, ha
sido el primero en criticar la tónica melodramática-apocalíptica que
está adquiriendo el programa: “No quiero
volver a besar, esto parece Sodoma y Gomorra”. A pesar de las buenas intenciones
de Clar, este tipo de comentarios no tienen nada que hacer al lado de otros del
estilo de “Me gustan las chicas rubias,
delgadas y elegantes. Me fijo mucho en el interior…” pronunciada por el
célebre Póveda, un caballero de los que ya no quedan. La madre de Aída Nízar tampoco podía faltar, no sea
que los tronistas no puedan encontrar el amor sin sus consejos. Y yo me
pregunto… ¿Adónde nos lleva el morbo gratuito? ¿Cuánto vale una acción en el
mercado de los valores? ¿Se puede realmente encontrar el amor si lo dejamos en
manos de Berlusconi y su gran grupo
mediático? Puede que Emma García tenga la respuesta, pero está claro que le
interesa contarla.
No hay comentarios:
Publicar un comentario